domingo, 30 de julio de 2017
domingo, 23 de julio de 2017
Prohibido prohibir
Estamos de estreno. Nuestra urbanización de la playa luce ya, encendidas, diez cámaras de vigilancia que rodean todo el perímetro. Son las guindas que salpican una valla de más de dos metros que se sostiene sobre un muro algo menor. Con cuatro puertas macizas de acceso, coronadas por puntas de lanza afiladas, ya se ha previsto pedir presupuesto para contratar vigilantes de seguridad. De cine son también los focos que, en zigzag, barren la plaza para que ningún niño juegue fuera de hora o se le ocurra chutar con la pelota o pasear en bici, que son prácticas expresamente prohibidas. Grandes carteles en el propio parque y en la piscina, encabezados por la señal de prohibido, enumeran la lista de pecados mortales, que hace más fácil respirar debajo del agua que fuera. Ahora la presidenta de la comunidad, que es de Madrid, quiere estampar una estrella en todos aquellos que se tomen vacaciones sin destacar su carácter voluntario y su amor absoluto al trabajo. Si fuera por ella todos deberían trabajar más que la Guardia Civil, presa de la frenética actividad a la que le condenan los populares políticos. Ni jamás ni hamás hasta ahora ha habido un robo o un atentado en mi urba, pero seguro que las grabaciones nos van a dar para muchas películas de risa, pues hay vivales a los que se les notará que a altas horas, cuando debía de imperar el estado de sitio, vienen excesivamente contentos; descubrirán a los calenturientos que buscan algo más que vecindad con otras parientas; y, por supuesto, nos permitirá desvelar quién infringe las reglas o, armado con un espray, va pintando en el suelo frases como «La vida es bella». Extramuros, pudiera parecer que traspasábamos las puertas de San Pedro para encontrarnos con el cielo, pero la autoridad ha dictado un bando que impone sanciones por practicar nudismo, orinar en el mar, no vestir con decoro en el pueblo, sacarse los mocos de la nariz, cantar y, por supuesto, criticar al alcalde. Lo único permitido es realizar vertidos y construir allá donde haya un hueco, ensuciar el agua y enladrillar el paisaje, 'chiringatear' la playa o convertir tu vivienda en un zulo, valla sobre valla hasta exclamar ¡vaya! por tanta estupidez. Yo he alquilado un apartamento para rememorar la clandestinidad al grito de «Prohibido prohibir». No sé si saldré vivo, pero lo que tengo claro es que nadie podrá entrar a rescatarme.
Estamos de estreno. Nuestra urbanización de la playa luce ya, encendidas, diez cámaras de vigilancia que rodean todo el perímetro. Son las guindas que salpican una valla de más de dos metros que se sostiene sobre un muro algo menor. Con cuatro puertas macizas de acceso, coronadas por puntas de lanza afiladas, ya se ha previsto pedir presupuesto para contratar vigilantes de seguridad. De cine son también los focos que, en zigzag, barren la plaza para que ningún niño juegue fuera de hora o se le ocurra chutar con la pelota o pasear en bici, que son prácticas expresamente prohibidas. Grandes carteles en el propio parque y en la piscina, encabezados por la señal de prohibido, enumeran la lista de pecados mortales, que hace más fácil respirar debajo del agua que fuera. Ahora la presidenta de la comunidad, que es de Madrid, quiere estampar una estrella en todos aquellos que se tomen vacaciones sin destacar su carácter voluntario y su amor absoluto al trabajo. Si fuera por ella todos deberían trabajar más que la Guardia Civil, presa de la frenética actividad a la que le condenan los populares políticos. Ni jamás ni hamás hasta ahora ha habido un robo o un atentado en mi urba, pero seguro que las grabaciones nos van a dar para muchas películas de risa, pues hay vivales a los que se les notará que a altas horas, cuando debía de imperar el estado de sitio, vienen excesivamente contentos; descubrirán a los calenturientos que buscan algo más que vecindad con otras parientas; y, por supuesto, nos permitirá desvelar quién infringe las reglas o, armado con un espray, va pintando en el suelo frases como «La vida es bella». Extramuros, pudiera parecer que traspasábamos las puertas de San Pedro para encontrarnos con el cielo, pero la autoridad ha dictado un bando que impone sanciones por practicar nudismo, orinar en el mar, no vestir con decoro en el pueblo, sacarse los mocos de la nariz, cantar y, por supuesto, criticar al alcalde. Lo único permitido es realizar vertidos y construir allá donde haya un hueco, ensuciar el agua y enladrillar el paisaje, 'chiringatear' la playa o convertir tu vivienda en un zulo, valla sobre valla hasta exclamar ¡vaya! por tanta estupidez. Yo he alquilado un apartamento para rememorar la clandestinidad al grito de «Prohibido prohibir». No sé si saldré vivo, pero lo que tengo claro es que nadie podrá entrar a rescatarme.
domingo, 9 de julio de 2017
Desconectando
Ganamos autónomos todos los días. Crecen como setas aunque no caiga una gota. Tanto o más que los contratos laborales, que cada hora se multiplican, dividen y, por supuesto, restan estabilidad a jóvenes y mayores. Todos precarios y autónomos. Porque no conviene abusar y unas cuantas miles de cosas más celebro que la autonomía no llegue a las costas gracias a nuestra Asamblea Regional, que ha parado el montaje de las grúas cuanto ya se adivinaban en el horizonte. La Comunidad no podrá privatizar aún más nuestro litoral. No queremos más autogobierno, lo que dice mucho de nosotros y de los que, por nuestro mandato o culpa, nos gobiernan. Es más, si nos dieran a elegir en, con perdón, un referéndum igual renunciábamos a la autonomía para gozar, sí gozar, del nivel medio nacional de los servicios públicos, por no decir de los cánones de paraísos como el País Vasco. Mientras los catalanes reclaman la independencia, los murcianos huimos de nuevas competencias. Aquí no nos haría falta ni artículos 155 ni urnas. A mano alzada votaríamos a favor para acabar con la sequía que padecemos en educación, sanidad, pensiones, atención a mayores, inversiones…cayendo en brazos del Gobierno central para que, al menos, asumiera nuestro déficit. Mientras Cataluña sueña, como atacada por una insolación, por la independencia como solución a su economía y a sus casos de corrupción; Murcia con la dependencia conseguiría aumentar su estado de bienestar y, encima, trasvasar su déficit a Montoro. España perdería a Cataluña, pero ganaría el cariño aún mayor de Murcia. Y puestos a hacernos querer, no hay color entre la butifarra y nuestras morcillas. Como no lo hay entre la nova canço y el trovo. O entre la Sagrada Familia y nuestra Catedral, acabada e, incluso, rematada con una hermosa cadena. Ya sé que ellos tienen otro seny más serio, algo más de industria, un deporte y una cultura de base y no de clase, una sociedad civil más articulada, unas infraestructuras y unas ciudades con aire europeo y, ante todo, un bienestar que ellos reflejan como malestar cuando ya lo quisiéramos nosotros. En fin, es hora de desconectar.
domingo, 2 de julio de 2017
Falo de Cabos
No tenemos aún las competencias en Costas y ya se ha privatizado el Faro del Cabo de Palos, uno de los signos más enhiestos de nuestro patrimonio marino. Imagino, gracias a mi mente calenturienta, que ahora se convertirá en un gran falo que envuelva un anuncio de preservativos. Todo un orgullo para los murcianos pues los turistas pensarán que en esta tierra sí importa el tamaño, como si fuera la Archidona cuyo cipote recorrió el mundo gracias al Nobel. Sin necesidad de subir a montículos ni trazar curvas, será emocionante verlo firme contra el viento y la marea. Desde abajo, porque de tú a tú, mirándole a los ojos, ya no podremos hacerlo si no es pagando. Su luz sólo salvará ya a los más ricos, aquellos que exhiban un gran barco de recreo y putiferio; mientras los náufragos nos tendremos que conformar con su sombra si no cobra. Será como una gran exaltación primitiva que se abrirá entre las aguas para mostrar cuan bella es la publicidad y cuanto bien hará el dinero privado a nuestro paisaje público. No faltarán feministas que quieran abordarlo e, incluso, derribarlo porque ciertamente pasaron los tiempos en que un gran miembro masculino guiara el devenir. No parece que haya mayor placer, sin embargo, para algunos políticos que privatizar hasta el aire. Qué éxtasis encontraran en follarnos a nosotros y a sí mismos, convirtiéndose en masturbadores mayores que el que pintó Dalí. Chiringuito aquí, terrazitas sobre el paseo, campos de golf, urbanizaciones en parajes naturales, mercadillos a subasta, vallas por doquier y agresiones a tutiplén. Sin brújula, la costa murciana se convertirá en un gran escaparate de las bonanzas del capitalismo con un faro que será su punto de referencia. Acaban con la filosofia, aquella que sostenia el Faro de Alejandria, cuya base era una biblioteca, y nos ofrecen luces privadas que nos llevan a la oscuridad.
No tenemos aún las competencias en Costas y ya se ha privatizado el Faro del Cabo de Palos, uno de los signos más enhiestos de nuestro patrimonio marino. Imagino, gracias a mi mente calenturienta, que ahora se convertirá en un gran falo que envuelva un anuncio de preservativos. Todo un orgullo para los murcianos pues los turistas pensarán que en esta tierra sí importa el tamaño, como si fuera la Archidona cuyo cipote recorrió el mundo gracias al Nobel. Sin necesidad de subir a montículos ni trazar curvas, será emocionante verlo firme contra el viento y la marea. Desde abajo, porque de tú a tú, mirándole a los ojos, ya no podremos hacerlo si no es pagando. Su luz sólo salvará ya a los más ricos, aquellos que exhiban un gran barco de recreo y putiferio; mientras los náufragos nos tendremos que conformar con su sombra si no cobra. Será como una gran exaltación primitiva que se abrirá entre las aguas para mostrar cuan bella es la publicidad y cuanto bien hará el dinero privado a nuestro paisaje público. No faltarán feministas que quieran abordarlo e, incluso, derribarlo porque ciertamente pasaron los tiempos en que un gran miembro masculino guiara el devenir. No parece que haya mayor placer, sin embargo, para algunos políticos que privatizar hasta el aire. Qué éxtasis encontraran en follarnos a nosotros y a sí mismos, convirtiéndose en masturbadores mayores que el que pintó Dalí. Chiringuito aquí, terrazitas sobre el paseo, campos de golf, urbanizaciones en parajes naturales, mercadillos a subasta, vallas por doquier y agresiones a tutiplén. Sin brújula, la costa murciana se convertirá en un gran escaparate de las bonanzas del capitalismo con un faro que será su punto de referencia. Acaban con la filosofia, aquella que sostenia el Faro de Alejandria, cuya base era una biblioteca, y nos ofrecen luces privadas que nos llevan a la oscuridad.
lunes, 19 de junio de 2017
Murzara
Igual Amancio Ortega piensa que Murcia está en el sudeste asiático. Aquí hace tanto calor como allí o más. También tenemos personas que ganan un euro a la hora en nuestros campos gracias a unas empresas desaprensivas que los escalavizan. La otra parte de la población, como allá, sobrevive, intentando no caer en las garras de la pobreza y con las costuras de la desigualdad siempre tensas. Asimismo, algunos de nuestros parajes naturales están esquilmados como consecuencia de la contaminación, aunque aquí en vez de teñirse de azul tornan en marrón. E incluso padecemos la erosión y, en ocasiones, daños por inundaciones, compartiendo la primera línea de los más perjudicados por el cambio climático. Allí se caen edificios y aquí ha sucumbido todo el sector de la construcción. Me temo, igualmente, que el AVE tampoco llega a Bangladés, aunque es posible que se inaugure antes allí. Por si fuera poco, tras su donación, Amancio, nos parecemos un poco más pues Bangladés y Murcia comparten ahora el gen colonial. No es que seamos muy nacionalistas aquí en Murcia. Es más, le diré que no nos importaría depender de su metrópoli si el trasvase llevara su nombre. Al fin y al cabo, si se hacen cuentas, igual usted, en su infinita generosidad, ha hecho más por la sanidad en Murcia que el partido que nos partió el corazón y el bolsillo con las transferencias. Aquí lo que anhelamos son grandes empresarios que tomen las decisiones por la ciudadanía, pues ellos saben lo que nos conviene. A qué loco, con camisa de fuerza, se le ocurriría que nosotros podemos escribir el presupuesto regional, elegir nuestro destino y fijar unos impuestos que garanticen la igualdad. Ya ve que esta es una declaración de amor, subordinado y con cierto tufo colonial, pero ya puestos por qué no hacernos el harakiri. Déjese del sudeste asiático y véngase a Murcia, pijo. Le recibiremos con todos los honores, las banderitas y el gran dragón que sacamos en el Entierro de la Sardina. Se llevará una sorpresa cuando baje las escalerillas en San Javier pues a genuflexión nadie nos gana, ni los chinos.
NOS QUEDA LA PALABRA / La Opinión de Murcia 18 de junio de 2017
Igual Amancio Ortega piensa que Murcia está en el sudeste asiático. Aquí hace tanto calor como allí o más. También tenemos personas que ganan un euro a la hora en nuestros campos gracias a unas empresas desaprensivas que los escalavizan. La otra parte de la población, como allá, sobrevive, intentando no caer en las garras de la pobreza y con las costuras de la desigualdad siempre tensas. Asimismo, algunos de nuestros parajes naturales están esquilmados como consecuencia de la contaminación, aunque aquí en vez de teñirse de azul tornan en marrón. E incluso padecemos la erosión y, en ocasiones, daños por inundaciones, compartiendo la primera línea de los más perjudicados por el cambio climático. Allí se caen edificios y aquí ha sucumbido todo el sector de la construcción. Me temo, igualmente, que el AVE tampoco llega a Bangladés, aunque es posible que se inaugure antes allí. Por si fuera poco, tras su donación, Amancio, nos parecemos un poco más pues Bangladés y Murcia comparten ahora el gen colonial. No es que seamos muy nacionalistas aquí en Murcia. Es más, le diré que no nos importaría depender de su metrópoli si el trasvase llevara su nombre. Al fin y al cabo, si se hacen cuentas, igual usted, en su infinita generosidad, ha hecho más por la sanidad en Murcia que el partido que nos partió el corazón y el bolsillo con las transferencias. Aquí lo que anhelamos son grandes empresarios que tomen las decisiones por la ciudadanía, pues ellos saben lo que nos conviene. A qué loco, con camisa de fuerza, se le ocurriría que nosotros podemos escribir el presupuesto regional, elegir nuestro destino y fijar unos impuestos que garanticen la igualdad. Ya ve que esta es una declaración de amor, subordinado y con cierto tufo colonial, pero ya puestos por qué no hacernos el harakiri. Déjese del sudeste asiático y véngase a Murcia, pijo. Le recibiremos con todos los honores, las banderitas y el gran dragón que sacamos en el Entierro de la Sardina. Se llevará una sorpresa cuando baje las escalerillas en San Javier pues a genuflexión nadie nos gana, ni los chinos.
NOS QUEDA LA PALABRA / La Opinión de Murcia 18 de junio de 2017
domingo, 4 de junio de 2017
A la sombra
Lo intenta, pero cada vez se lo ponían más difícil. Será el último año que
aguante con corbata hasta el 40 de mayo. Hace tiempo que cambió las chaquetas,
pero sabía que sería penalizado en el trabajo si abandonaba la mortaja. Había
descontado ya que este verano aumentaría la protección solar hasta 30, cuando
él era reacio siempre a la pegajosa loción e, incluso, al jersey que le
protegía en su camino a la playa. De igual forma, había avisado ayer al
instalador para ampliar el aire acondicionado a toda la vivienda; donde hace
tiempo, tanto como la burbuja, que no se percibía la brisa que le animó a
comprarla. Al capataz hace un mes que le telefoneó para que no se cortara a la
hora de pinchar en el pozo ilegal para sustraer agua, pues la sequía
climatológica y la que padecen los mandatarios murcianos amenazan la
supervivencia de su negocio. Eso sí, ya no le daba ningún tipo de impresión inaugurar
la temporada de baño. Tampoco temía toparse con algún ser vivo, incluido los
inmigrantes, en el Mediterráneo. No echaba de menos los contenedores de colores.
Y, por supuesto, le quedaba muy lejos el Amazonas o el hundimiento progresivo de
La Manga, por no hablar de Garoña o Chernobil. Al igual que el primo del
chismoso de Mariano; él tenía un cuñado que, desde Suiza, le había explicado
que el mundo civilizado no podía competir con los chinos y los indios si no se
rebajaban las exigencias medio ambientales. Ahora, con EEUU dinamitando el
Acuerdo de París; esperaba que España bajara aún más los brazos o sólo los subiera
para taparse la nariz. Por el momento, Rajoy no está con sus homólogos, que se
los han llevado a la cabeza para mostrar su alarma ante el radiante y rallante Trump.
Manda la economía, la producción y el trabajo basura, no sólo medio
ambientalmente hablando. Para los que son como él -que está convencido de que
el cambio climático no afecta a su vida diaria y de que siempre hay que
situarse al sol que más calienta- no habría mayor catástrofe que la política
mande sobre la economía. Qué ciudadanos concienciados sean capaces de evitar
que algún tecnocrata o truhan dé al botón para salvarnos.
NOS QUEDA LA PALABRA
domingo, 28 de mayo de 2017
Censura
La Comisión Europea censura a España por su alto grado de corrupción. Tantos grados que no hay latitud que sufra una borrachera cada día, cambiemos o no de embriagadora brújula: Gürtel, Lezo, Púnica, tarjetas black, Pokemon, Noos, etcétera. El Fondo Monetario Internacional censura a España por la moderación salarial porque es contraproducente para sus fondos y, ante todo, los nuestros. La también peligrosa OCDE censura a España porque la austeridad ha prolongado la crisis, abriendo una brecha de desigualdad imposible de cerrar. Nadie nos va a arrebatar la champions de la austeridad por mucho que el árbitro nos anime a levantar el pie. El temible Eurostat censura a España por estar a la cabeza del subempleo y de la precariedad. La izquierdista Cáritas censura a España por los mayúsculos niveles de pobreza o, más bien, desniveles que afectan especialmente a los más jóvenes y a regiones como Murcia. La patronal murciana, que es tan populista como los organismos y organizaciones señalados, censura a España por el castigo presupuestario permanente a la Comunidad de Murcia. Unas cuentas del Gobierno central que consolidan la divergencia al trasvasar el dinero común a aquellas regiones que, paradójicamente, más tienen y siempre reciben. Ciertamente, no hacen falta más censuras, lo que explicaría el silencio de los sindicatos o la desunión y la falta de respuestas de la oposición, que sirven de barrera a nuestros mosqueteros patrios. Guindos blande su espada en Bruselas para intentar derribar a los que duden de la honestidad de los políticos españoles; Montoro dinamita el prestigio de Cáritas y al mismo Papa si se parapeta tras una encíclica; y nuestros diputados populares en el Congreso salen de su escondrijo para defender, uno tras otro, lo bien tratados que, como murcianos, se sienten con el Gobierno central, arremetiendo contra una CROEM a la que sitúan en bando contrario. Toda una película de miedo que estamos condenados a repetir si nos mantenemos como meros espectadores, pasando por taquilla y sin reclamar nunca un cambio de director y de protagonistas…y que conste que yo quería hablar de la maravillosa noche de los museos en toda la Región, con los ciudadanos tomando la calle para disfrutar de su historia y de la cultura.
LA OPINION DE MURCIA / Nos queda la palabra
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