sábado, 5 de mayo de 2018

Emergencias a nosotros
Ya me veo yo a todo el Estado Mayor del Ejército y de Interior posando el dedo sobre Murcia en el tablero de operaciones. ¡Eureka! Pondremos a Murcia patas arriba en el mayor simulacro de emergencias realizado hasta ahora en la madre patria. Por tierra, mar y aire, efectivos de cinco ejércitos, bomberos, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado o protección civil han ensayado, del 23 al 27 de abril, cómo salvarnos de una catástrofe sísmica, química e inundación. No sabemos si es un honor que nos tengan en cuenta, qué algún ilustrado y visionario del poder central nos haya descubierto en esta esquina del Sureste pues es sabido que nuestra Comunidad parece invisible a tenor de la atención que nos prestan en otras cuestiones de mayor condumio. Igual señalaron a Murcia porque la asocian a los hechos luctuosos que salpican, en rojo, los telediarios; que igualmente sólo ponen el foco en esta colonia cuando salta algún suceso. Asesinatos, asaltos o maltratos provocados, sin duda, por los calores o el puto cambio climático. Se piensan que estamos todo el día en Urgencias. Los más sarcásticos consideran que la elección se debe, simplemente, a que aquí cualquier emergencia pasa desapercibida pues vivimos en tal situación desde hace tiempo. No hace falta más que contar el número de pobres, o de camas, o la cuantía de los salarios y de las pensiones. Emergencias a nosotros. Hace tiempo que la sirena de la desigualdad no cesa de ulular, sin que ningún efectivo -no digamos ya los 3.000 que nos visitaron-parezca predispuesto a atendernos en este ámbito. Son muchos los murcianos que viven con respiración asistida por la falta de recursos y de atención, al igual que en otras comunidades del sur de España. Lo poco de lo que estamos seguros por estos lares es que en caso de catástrofe recibiremos siempre el salvavidas de los profesionales que, encuadrados en Defensa e Interior o como voluntarios, se jugarán el pellejo por nosotros mientras sus mandamases posan. Pero en cuestión de simulacros, que es en lo que estamos, por qué no se quedan en Madrid o Barcelona, que están para evacuar.

domingo, 22 de abril de 2018

Canas
No creo que hayan sido las bajas pensiones ni, por supuesto, pasiones lo que ha llevado a nuestro presidente de la Comunidad de Murcia a incorporar a dos jubilados al Gobierno regional. El púber Fernando López Miras ha dado un gran paso al frente, aunque no sabemos si lo hace frente al abismo de las encuestas, y se ha enfrentado a su generación, que considera “viejuno” todo aquello que frisa con los cuarenta. Ya nadie ve la 2 ni las películas en blanco negro ni recuerda lo denostados sonidos del teléfono fijo o de la música clásica. El “comando del biberón” que pulula por la Región pretende un cambio generacional brusco en todas aquellas instituciones y organizaciones que se pongan a tiro y desde las que, evidentemente, se pueda disparar contra todo aquello que, paradójicamente, suponga modernidad. Cambio por remozar la fachada, pero no para construir una nueva sociedad más justa e igualitaria. Antes al contrario, sus preceptos se reducen a reducir la libertad al ámbito económico. Ante tal deriva conservadora, yo me considero cada vez más joven y aplaudo la incorporación de los que algunos podrían considerar dinosaurios, los consejeros Fernando de la Cierva y Patricio Valverde. No son los años, como tampoco lo es el sexo, lo que otorga o no aptitud y actitud. Igual se convierten en las estrellas del nuevo Ejecutivo, sobre todo Patricio. El único miedo que tengo es que ni el de Hacienda llegue a ver las cuentas equilibradas; ni el de Fomento pueda esperar mucho más a la llegada del AVE. Larga vida para ellos y para el resto. También para los que salen que, seguro, recibirán buenos y nuevos trabajos como anestesia, no como aquellas jóvenes obligadas a abortar prematuramente en la Región de Murcia, que lo hacen con todo el dolor. Eso es lo que tenían que estar mirando los del “comando del biberón” y no otras paridas.
NOS QUEDA LA PALABRA / LA OPINION DE MURCIA. Domingo 22 de abril

domingo, 15 de abril de 2018

Guau
Ya estoy en la lista de espera para adoptar a Chico, el perro alemán que mató a su dueña y a su hijo. Las peticiones de firmas allá para su indulto, que superan las 200.000, se cruzan con las que reclaman aquí el mantenimiento de la prisión permanente revisable. Las que parten de Alemania aducen que el pobre clan ha sufrido maltrato; las que se generan en España no tienen en cuenta ninguna consideración social que motive el delito.  No seré yo el que cuestione que a los perros haya que tratarles como personas, pues no quiero ser acusado de enaltecimiento del terrorismo; pero quizá a los humanos, que no dejamos de ser también animales, también habría que aplicarles la eximente social antes de condenarlos. Uno de cada tres murcianos viven como perros, en riesgo de pobreza extrema. Y extrema será la condena que se les impondrá por cualquier pequeño hurto. A tenor de las primeras páginas de nuestros periódicos, Murcia es una sucesión de sucesos sin fin. De la terrible violencia machista a los ajustes de cuentas brutales, cuando no campo de ensayo para ladrones. Si en las alturas, Murcia está a punto de quedarse, por agotamiento, sin los llamativos nombres que adornan cada caso de corrupción; en el suelo y en el subsuelo son muchos los que no dan crédito por la cantidad de hechos delictivos que ensombrecen aún más la actualidad. Igual no es suficiente con recolectar firmas, la acción de una justicia que no es igual para todos o, por supuesto, la cadena perpetua  que algunos nos intentan imponer soliviantando nuestros instintos más primarios. No hace falta tener el olfato de un sabueso para comprobar que a mayor pobreza y desigualdad económica y de oportunidades le corresponde una sociedad con más número de delitos y, asimismo, intolerancia.
NOS QUEDA LA PALABRA / 15 de abril de 2018 en La Opinión de Murcia

sábado, 7 de abril de 2018


Qué siga la fiesta

Este año no me lo pierdo aunque la lluvia que nos anuncian nos obligue a poner el paraguas al revés de lo que es habitual en el Entierro de la Sardina (*), dando un toque aún mayor de sinsentido a estos días, ya que aquí no cae nunca una gota y cubrirnos nos impedirá recoger los pitos y demás tesoros. La ocasión lo merece y si es necesario saltar tanto como Cristiano Ronaldo levantaré la pata para coger alguno de los miles de títulos de máster que han anunciado los sardineros que lanzarán desde sus carrozas. A la vista del comportamiento de algunas personalidades que los atesoran y de las universidades que los otorgan; igual no es un bien tan preciado como el balón, pero siempre lucirá bien en mi despacho o en mi currículo si decido dar el salto a la política. Además, el cortejo va a ser más lúcido que nunca pues a las pegatinas con la bandera española -que han hecho viral los sardineros en esta edición- se unirán los 300 catalanes que nos visitarán para solidarizarse con los vecinos que reclaman el soterramiento de las vías, allá donde los adornos florales brillan por su ausencia. Ya me veo a las brigadas esteladas y armadas con bolsas de pipas para nerviosismo de las fuerzas de orden público, que deberán vigilar ante todo que no aterrice desde Alemania el terrible Puigdemont, que competiría de tú a tú con el célebre dragón oriental de nuestro desfile a la hora de echar fuego por la boca. Los que, a pesar de todo, sí llegarán a tiempo son los elefantes que, emulando a Aníbal, evitarán cualquier incursión cartagenera en nuestro festejo murciano más murciano. Nuestro Rey emérito vigilará desde la torre de la Catedral que los paquidermos no provoquen ninguna estampida. A manotazo limpio ante tanta tribu y fauna se abrirá paso también nuestra princesa Leonor, pero esta vez para inmortalizar el momento junto a su hermana y su abuela Sofía, que han sido invitadas a asistir a nuestro gran acontecimiento. Letizia, que no ha sido invitada, ya ha amenazado con asaltar una carroza para, en contra de las reglas y de la nula cuota femenina, lanzar con fuerza objetos contundentes. El rey no vendrá porque los reyes son los vecinos y el alcalde y los vecinos son los reyes aunque sólo eligen al alcalde…ya saben. Todo de traca. Qué siga la fiesta.

NOS QUEDA LA PALABRA / LA OPINIÓN DE MURCIA

(*) Para los que no son de Murcia se trata del desfile que cierra sus fiestas, que logra reunir a un millón de personas en la calle. Está formado por grandes carrozas de las peñas o grupos sardineros, desde las que se lanzan juguetes y los muy apreciados balones. El público abre sus paraguas al revés para recoger el máximo de regalos. El cortejo lo abre un espectáculo carnavalero de varios grupos de la Región y otros invitados, con especial presencia de un gran dragón…y el que quiera saber más se celebra el sábado siguiente a la Semana Santa.

sábado, 17 de marzo de 2018

Petazetas


Desde la B de “baby boom” no sé si puedo opinar sobre la generación Z, aunque a ella pertenecen mis hijos. Nos cuenta en Murcia un experto que a estos jóvenes, los nacidos en torno al cambio de milenio, no les gusta ni el trabajo fijo ni la vivienda en propiedad…y a mí que, como he dicho, ya soy mayor me suena a la fábula de la zorra y las uvas. O, lo que es lo mismo, las políticas conservadoras, que son maestras en retorcer el lenguaje y la realidad, nos quieren hacer creer que a los púberes lo que les encanta es el paro, los bajos salarios o la precariedad que marcan su existencia y, por supuesto, vivir en casa de sus padres. Liderando el desempleo en Europa, España tiene al 40% de sus jóvenes menores de 25 años buscando un trabajo y casi el otro 60% en uno indigno. Lo que les mola -al parecer de los grandes analistas que tienen bajo la lupa a esta parte de la población tan sólo para ver su comportamiento comercial- es emigrar…lo que les hace igualicos que sus antepasados. Buscan, como cualquier generación, petarlo y resulta que vuelven a tiempos pasados donde la mayor sensación era meterse en la boca un petazeta. Dicen estos gurús de las marcas que los nuevos jóvenes, además, están muy concienciados con el medio ambiente y, ríanse, los derechos laborales, no adquiriendo ninguna prenda o alimento que no garantice que ha sido elaborado con los máximos cánones ecológicos y sindicales. Esto es, no tienen un duro ni tienen empleo, pero rechazan tiendas como la que empieza por Z, que produce su ropa en el sudeste asiático en medio de ríos de colores por los tintes vertidos y a razón de 3 euros diarios por ocho horas de trabajo. Sí es verdad que cada vez son más visibles en las manifestaciones para intranquilidad de cualquier nervioso delegado del Gobierno, pero aún les falta mucha acidez, como la que nos proporcionaba en el paladar los petazetas, para reflejar su malestar o, según algunos, bienestar. Van a necesitar algo más que Google para sobrevivir y endulzar su vida.
LA OPINION DE MURCIA / NOS QUEDA LA PALABRA

sábado, 10 de marzo de 2018

Políticos
Con permiso de los jubilados y de las mujeres, el colectivo más vilipendiado es, sin duda, el de los políticos. Acusar de político a cualquier persona es más grave que espetarle los clásicos “estas mayor” o  “eso no es trabajo de hombres”.  Desdeñar cualquier acción adjetivándola de política está de moda, aunque con tal actitud estén haciendo no sólo política sino invocando otra época felizmente pasada. Aún quedan políticos que, en sus comparecencias públicas ante sus correligionarios, no se consideran como tales y hacen gala de ello imitando el célebre “yo no soy político” de nuestro dictador Franco. Etimológicamente, todos somos o seremos políticos como habitantes de una ciudad. Vivamos en el mundo urbano o rural, como ciudadanos lamento decirles que también somos políticos y que, por tanto, todos aquellos que reniegan de tal condición están haciendo un favor a los que entienden que somos súbditos. Aún nos acercan más a la dictadura o al pensamiento único, cuando proclaman el fin de las ideologías exclamando “todos los políticos son iguales” o “no somos de derechas ni de izquierdas”. Yo prefiero otro tipo de manifestaciones, que en vez de enterrarme en un negro pasado luchan por un colorido futuro. Protestas como las de los pensionistas y de las mujeres, repletas de jóvenes, que han recorrido las principales ciudades de Murcia, España y el mundo. Son un signo de esa ciudadanía, un grito contra unas políticas (en plural) que priman a los que prefieren el inmovilismo o el individualismo a ultranza. Es hora de hacer política con mayúsculas tanto en la calle como en las urnas, pues para quienes tienen en la boca siempre el insulto contra los políticos de toda condición no se les ha de olvidar tampoco que son nuestro retrato, elegidos democráticamente. La contrición, el sofá o el universo personal no han hecho avanzar nunca a la sociedad en su conjunto. El progreso se escribe con mayor participación ciudadana y políticos que busquen el bien común en vez del privado. Ya sé que algunos añoran el Antiguo Régimen, pero vivimos en la edad contemporánea que, lo siento, abrió la Revolución Francesa.
LA OPINIÓN DE MURCIA / 10 de marzo

sábado, 3 de marzo de 2018

La cosa

¿Cuándo dices cómo va la cosa te refieres al cáncer de mi padre? me responde mi primo Abelardo para hacerme ver que en los nuevos tiempos hay que llamar las cosas, valga la redundancia, por su nombre para denominarlas y, ante todo, poder dominarlas. O bien cáncer o bien la puta cosa que se está llevando a mi tío Pedro. Da grima observar cómo la más célebre enfermedad de la historia de la humanidad se resiste a ser extirpada, convirtiéndose en la mayor deshumanidad para el que lo sufre y el conjunto de la sociedad. Provoca sudores fríos que en pleno siglo XXI aún no se haya podido vencer a este enemigo por, en primer lugar, los recortes en investigación propios de una política austera que lo hace todo añicos. Hace unos días hemos conocido que, a nivel nacional, los presupuestos en I+D se han reducido un 36% desde 2009. Un tijeretazo que, en el mismo periodo, sube hasta el 57% si la referencia es el dinero que destina el Gobierno regional de Murcia a la ciencia. “Investigar en España es llorar”, que argumentaba Unamuno sin conocer la diáspora de jóvenes que actualmente salen de nuestro país hacia otros lares para aplicar sus conocimientos a un futuro mejor. Ni imaginar cabe que todo sea un interés de las farmacéuticas para mantener la agonía, aunque todo es posible dada la sensibilidad de la que siempre han hecho gala este tipo de empresas. A la falta de investigación se une la ausencia de una atención o divulgación de los buenos hábitos. Una llama que mantienen organizaciones no gubernamentales como la Asociación Española contra el Cáncer que, con sus escasos medios, suple en parte la falta de inversión de la administración y encarna la esperanza en la recuperación. Junto al cáncer físico está el de carácter moral, aquel que corrompe nuestro estado de bienestar por la adulteración de lo público. Ni en uno ni en otro se atisban síntomas de recuperación, pues el combate necesita del concurso de cada uno de nosotros. ¡Qué cosas!

LA OPINIÓN DE MURCIA / NOS QUEDA LA PALABRA