sábado, 8 de marzo de 2014

Hay salida
Me emocioné. Nos turbó a todos. No tenía ni 20 años, pero pidió el micrófono como si fuera su último suspiro. Dedicó el “Premio a la Igualdad” a su madre, que ese mismo Día de la Mujer Trabajadora cumplía el X Aniversario de su fallecimiento. Tras exclamar lo mucho que la echaba de menos, no le tembló la voz cuando anunció que era víctima de malos tratos, envolviendo su vida de dolor y llanto. Y justo cuando estábamos ya sumergidos en su mundo, compartiendo con ella su tragedia y sus sentimientos, nos infringió un latigazo contra la hipocresía. Lo expresó con sus palabras, sin ningún tipo de acritud, manteniendo la serenidad y la mirada clara, como yo no sé contarlo. Sin pretender aconsejar a nadie, nos lo trasladó para salvarnos, no para condenarnos. Nos recordó que no se puede mirar para otro lado ni pasar página al instante cuando se produce un episodio de violencia de género. Quince al día en la Región de Murcia. A continuación miró hacia los más jóvenes, donde podría encuadrarse ella perfectamente si no fuera porque los golpes cercenaron su infancia y adolescencia. Animó a los colegiales a construir una nueva sociedad más igualitaria y menos condescendiente con los maltratadores, mientras los más mayores no dábamos crédito por su entereza y valentía. Aún continúo oyéndola y, desgraciadamente, no es mi musa. Es tan real como que estas líneas iban a hablar de política y  del Murcia, pero me pareció que no podía desaprovechar el espacio. 
NOS QUEDA LA PALABRA / Publicado en La Opinión de Murcia el 7 de marzo de 2014.

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