Calentamiento
Cada
vez me gusta más abrir el periódico por la sección de internacional. Es
cierto que la caída del muro no acabó siquiera con la guerra fría y que
el Tercer mundo mantiene la llama de los conflictos gracias al fuego
que le presta el Primero; pero al menos tanto en uno como en otro están
libres de levantar enladrilladas fronteras artificiales. Aquí, por Más o
por menos, estamos embutidos, como una butifarra, en los célebres
garrotazos de Goya o enfrascados en el desarrollo de la novela
picaresca. Mientras Obama masca chicle tras alcanzar un acuerdo
histórico con China para combatir el calentamiento global; en nuestra
España querida se masca la tormenta por la incapacidad de llegar algún
tipo de pacto por parte del primo del que no aprecia ningún cambio
climático. Mientras los primeros mandatarios del planeta no cesan de
probarse kimonos en Pekín, que probablemente sean de nuestra
multinacional Zara; aquí lo que se lleva son también cumbres, pero en
lugares paradisiacos, como Tenerife, revestidos de piel de lobo ibérico
que luego torna en lloroso, que no degollado, cordero. Tanto tiempo
preguntándonos para qué sirve la denominada Cámara Alta y resulta que se
trata de una alegre litera. Mientras el mundo mira asombrado el
alunizaje en el cometa 67P, donde será posible descubrir los genes de la
tierra; aquí no hay día que no descubramos a nuevos especímenes, no
precisamente marcianos, que acometen los más alucinantes delitos contra
el planeta por cifras muy superiores a 67Pesetas?, poniendo a la vista lo más abyecto del ADN del ser humano. Y,
lo que es peor, con Obama y Hollande en la soledad de sus respectivas
habitaciones ovales, despechados por sus ciudadanos y el resto de
dirigentes; aquí el nuestro se marcha a Australia o se refugia en las
dependencias “onovales”, con la “pechotes” rondando. Lástima que en este otoño tan caliente no se permitan los intercambios.
NOS QUEDA LA PALABRA / La Opinión de Murcia, 14 de noviembre de 2014
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