Pau negre
Se lamenta desde la mesa presidencial que los casos de corrupción son “el
pan nuestro de cada día”, olvidando quién lo ha horneado y quién se lo tiene
realmente que tragar. Visto desde ese subjetivo pedestal, igual lo lógico
hubiera sido mirar hacia otro lado mientras se devoraban suculentos platos o
bien desmenuzar aún más la teórica división de poderes, batiendo la justicia
con la mano de la política. Hubiera sido ideal, piensan, que en vez de tanto
chusco se sirviera tapa tras tapa para ocultar la podredumbre. Un pau negre que
acompaña toda la actualidad y que, de una forma u otra, están pagando todos los
murcianos, aunque miles de ellos no tengan nada que llevarse a la boca. Día
tras día nos desayunamos con unas noticias que muestran el dispendio de lo público
en beneficio de intereses privados, sazonado con declaraciones que nos hacen
hervir hasta la indigestión. Al amanecer, 200 millones del aeropuerto y al
anochecer 600 millones de la desaladora autonómica. Entremedias, como
pesado entremés, malas nuevas como el derrumbe de la protección por
dependencia o la última fila en salarios y educación. Y de postre, un ingenioso
nombre, como los platos de las cartas actuales, para la operación diaria de
corrupción. No me extraña que al alcalde de Abanilla le hayan recetado alejarse
de la política, de ese “pan nuestro de cada día”, para recuperar su tono físico
y mental. Todos necesitamos una desintoxicación, pero no a base de somníferos,
calmantes o recetas baratas de autoestima positiva. Es momento de una
transfusión de savia nueva, capaz de extirpar de raíz el maldito menú diario,
de transformar la queja política por la
presión de la justicia por una búsqueda permanente de la verdad, poniendo
remedio definitivo a esta dieta perniciosa, que engorda al que más tiene y
adelgaza al más débil.
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