lunes, 24 de noviembre de 2014

Pau negre

Se lamenta desde la mesa presidencial que los casos de corrupción son “el pan nuestro de cada día”, olvidando quién lo ha horneado y quién se lo tiene realmente que tragar. Visto desde ese subjetivo pedestal, igual lo lógico hubiera sido mirar hacia otro lado mientras se devoraban suculentos platos o bien desmenuzar aún más la teórica división de poderes, batiendo la justicia con la mano de la política. Hubiera sido ideal, piensan, que en vez de tanto chusco se sirviera tapa tras tapa para ocultar la podredumbre. Un pau negre que acompaña toda la actualidad y que, de una forma u otra, están pagando todos los murcianos, aunque miles de ellos no tengan nada que llevarse a la boca. Día tras día nos desayunamos con unas noticias que muestran el dispendio de lo público en beneficio de intereses privados, sazonado con declaraciones que nos hacen hervir hasta la indigestión. Al amanecer, 200 millones del aeropuerto y al anochecer 600 millones de la desaladora autonómica. Entremedias, como pesado entremés, malas nuevas como el derrumbe de la protección por dependencia o la última fila en salarios y educación. Y de postre, un ingenioso nombre, como los platos de las cartas actuales, para la operación diaria de corrupción. No me extraña que al alcalde de Abanilla le hayan recetado alejarse de la política, de ese “pan nuestro de cada día”, para recuperar su tono físico y mental. Todos necesitamos una desintoxicación, pero no a base de somníferos, calmantes o recetas baratas de autoestima positiva. Es momento de una transfusión de savia nueva, capaz de extirpar de raíz el maldito menú diario, de transformar  la queja política por la presión de la justicia por una búsqueda permanente de la verdad, poniendo remedio definitivo a esta dieta perniciosa, que engorda al que más tiene y adelgaza al más débil.

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