De revuelta
Cuando uno vuelve -no queda otro remedio- de convivir con el
otro lado, todo se relativiza y más aún con unas noticias que, de forma
monótona, se repiten día a día desde hace varias generaciones. La educación, el
conflicto territorial, los derechos sociales o el poder de la Iglesia, por no
hablar de la reforma agraria o de la forma de Estado son "asignaturas
pendientes" que llevamos en el ADN desde los Reyes Católicos. Aplíquese la
fórmula a la Región de Murcia y aquí tenemos añadido, por los siglos de los siglos,
el agua, las infraestructuras y un tejido productivo que genera paro,
precariedad y menos pensiones. Y lo que es peor, no sólo damos pasos hacia
adelante o, al menos, nos quedamos como estamos, que es lo que toca reivindicar
ahora, sino que caminamos hacia atrás y a una velocidad de vértigo. Volvemos a
emigrar, a despedir doblemente a nuestros jóvenes, a adelantar la separación y
el adiós forzoso de la muerte, sin posibilidad de dejarles no sólo la tierra
prometida sino, tan siquiera, un taparrabos, un simple empleo que oculte
nuestras vergüenzas. La de un país, con su Gobierno jactándose de la diáspora, incapaz
de ofrecerles un futuro.
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