domingo, 16 de febrero de 2014

Al abordaje
Por el norte la ciclogenesis explosiva y por el sur la Guardia Civil. Sin inaugurar la temporada de baño, algunos impacientes no dudan en subirse al rompeolas para recibir un baño de agua salada o en traspasar la frontera para recibir pelotas de goma, botes de humo y balas de fogueo. Tanto lo del Cantábrico como lo del Mediterráneo era previsible por mucho que nuestro Mariano, homónimo del recordado Medina, tuviera un primo que le había dicho que lo del cambio climático eran paparruchadas y aunque, por la otra parte, desde Interior se manifestara que cruzar la valla con el exterior no acarrea la muerte. Lo del oleaje está en boca de todos, mientras que de los inmigrantes sólo se acuerdan cuatro lunáticos de esos que se embelesan viendo como riela el satélite sobre el azul del mar. En ambos casos, la mar brava nos indica que no estamos en el rumbo adecuado, que lo natural es preservar el entorno y a los de tu mismo especie. Que, evidentemente, la mayor parte vivimos explotados y muy cerca de la orilla, donde nos han hecho creer, mediante bengalas de distracción, que sólo las aguadillas y el tiro al negro nos permiten sobrevivir. Sin salvavidas posible, sólo nos queda sonreír ante los arponazos o tomar el mando.
EL PAJARITO

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