Al abordaje
Por el norte la ciclogenesis explosiva y por el sur la
Guardia Civil. Sin inaugurar la temporada de baño, algunos impacientes no dudan
en subirse al rompeolas para recibir un baño de agua salada o en traspasar la
frontera para recibir pelotas de goma, botes de humo y balas de fogueo. Tanto
lo del Cantábrico como lo del Mediterráneo era previsible por mucho que nuestro
Mariano, homónimo del recordado Medina, tuviera un primo que le había dicho que
lo del cambio climático eran paparruchadas y aunque, por la otra parte, desde
Interior se manifestara que cruzar la valla con el exterior no acarrea la
muerte. Lo del oleaje está en boca de todos, mientras que de los inmigrantes sólo
se acuerdan cuatro lunáticos de esos que se embelesan viendo como riela el
satélite sobre el azul del mar. En ambos casos, la mar brava nos indica que no
estamos en el rumbo adecuado, que lo natural es preservar el entorno y a los de
tu mismo especie. Que, evidentemente, la mayor parte vivimos explotados y muy
cerca de la orilla, donde nos han hecho creer, mediante bengalas de
distracción, que sólo las aguadillas y el tiro al negro nos permiten sobrevivir.
Sin salvavidas posible, sólo nos queda sonreír ante los arponazos o tomar el
mando.EL PAJARITO
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