Cavarieteros
Lourdes no, ni Fátima. Kiev. Allá sí se producen milagros.
No sólo el caviar está por los suelos sino que, quizá por el aire fresco que se
respira en sus calles, cualquier dirigente político que pisa el de la capital
ucraniana se lanza a criticar a aquel Gobierno por corrupto y reprimir las
manifestaciones. Una conversión o misteriosa recuperación de la conciencia social
digna de “Cuarto milenio”. Desde las barricadas que forman los eslavos, envueltos
en el gas ruso que les lanzan, nuestros representantes boicotean al Gobierno
sátrapa, olvidando la viga que quizá cubre sus ojos. Es abandonar la gélida
Ucrania, que busca el calor de Europa, y recuperan -como matrioskas- los ropajes
propios de cualquier gobernante allende o no de nuestras fronteras. Este enigma
insondable me lleva a preferir a los políticos cuando están en la oposición o
visitan Ucrania. Yo, de siempre, he estado en la oposición. Recuerdo un profesor
de filosofía que, al comienzo de la transición, nos invitaba a defender lo
contrario de lo que pensábamos…quizá porque en ese momento era necesario formar
Gobierno. Aprobé por los pelos, que se llevaban largos, y descubrí que el
lenguaje te permite acabar con tu peor enemigo con buenas palabras. Con el
tiempo, incluso, constaté que mintiendo no sólo te engañas a ti mismo sino que
eres capaz de convencer a los más acólitos. Y lo que es más, aunque el político
muestre su pesar por el incumplimiento flagrante de su palabra, siempre hay
quien, desde el pesebre, lo jalea mientras la inmensa mayoría silente asiente.
NOS QUEDA LA PALABRA / Publicado en La Opinión de Murcia el 31 de enero de 2014.
No hay comentarios:
Publicar un comentario