Sin tubo de escape
Menos mal que el circuito de Cartagena no dictó sentencia,
que Schumacher no ingresó en los deteriorados boxes de nuestro actual sistema
sanitario cuando tuvo un accidente cerca del aún abierto hospital Rosell. Hoy el campeón juega con la ventaja del modelo francés y la merced
de ver activado todos sus sistemas de frenado para, paradójicamente, retrasar
su entrada en meta. Mientras que al común de los mortales -que también sufren
las curvas de la existencia, además de permanecer siempre neutralizados tras el vehículo de
control para no ascender- se les aplica el acelerador, con kers incluidos; al piloto alemán le adhieren al asfalto. En esa
recta final, donde te la juegas, lo ideal es no tener prisa, dar tiempo a que
tu motor y carrocería respondan al envite. Desgraciadamente, nuestro equipo
médico habitual ya no es tal, pues aún con la misma diligencia, faltan
mecánicos y repuestos de garantía, condenándote a la chatarrería a las primeras
de cambio. Es el protocolo que, de forma chocante, afecta a los que nunca lo
han disfrutado. Unas reglas inexorables que, alentadas por la gruesa lluvia de
los recortes, acaban con el más pintado si no logra enderezar su volante. Otra
cosa es que se posea dinero, la fórmula que nunca falla. Ojalá que él pueda ver
la bandera ajedrezada, listo para otra carrera…mientras a los demás nos espera
el aleteo de la negra, sin posibilidad de volver a la carretera.
A mis seres queridos, que no salieron del circuito del Hospital Clínico de Madrid, y
a las personas anónimas que también fueron campeonas en su vida y que, por
criterios economicistas, sólo transitan ya por el recuerdo.
NOS QUEDA LA PALABRA / Publicado en La Opinión de Murcia el
7 de febrero de 2014
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