lunes, 10 de febrero de 2014



Sin tubo de escape
Menos mal que el circuito de Cartagena no dictó sentencia, que Schumacher no ingresó en los deteriorados boxes de nuestro actual sistema sanitario cuando tuvo un accidente cerca del aún abierto hospital Rosell. Hoy el campeón juega con la ventaja del modelo francés y la merced de ver activado todos sus sistemas de frenado para, paradójicamente, retrasar su entrada en meta. Mientras que al común de los mortales -que también sufren las curvas de la existencia, además de permanecer siempre neutralizados tras el vehículo de control para no ascender- se les aplica el acelerador, con kers incluidos; al piloto alemán le adhieren al asfalto. En esa recta final, donde te la juegas, lo ideal es no tener prisa, dar tiempo a que tu motor y carrocería respondan al envite. Desgraciadamente, nuestro equipo médico habitual ya no es tal, pues aún con la misma diligencia, faltan mecánicos y repuestos de garantía, condenándote a la chatarrería a las primeras de cambio. Es el protocolo que, de forma chocante, afecta a los que nunca lo han disfrutado. Unas reglas inexorables que, alentadas por la gruesa lluvia de los recortes, acaban con el más pintado si no logra enderezar su volante. Otra cosa es que se posea dinero, la fórmula que nunca falla. Ojalá que él pueda ver la bandera ajedrezada, listo para otra carrera…mientras a los demás nos espera el aleteo de la negra, sin posibilidad de volver a la carretera.
A mis seres queridos, que no salieron del circuito del Hospital Clínico de Madrid, y a las personas anónimas que también fueron campeonas en su vida y que, por criterios economicistas, sólo transitan ya por el recuerdo.
NOS QUEDA LA PALABRA / Publicado en La Opinión de Murcia el 7 de febrero de 2014

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