A toda vela
Acostumbrados al azul pitufino que envuelve nuestra
atmósfera, al modo de los carteles más populares de las próximas elecciones
europeas; resulta chocante vislumbrar a hombres
con falda, entre otros vistosos atuendos que desembarcaron con motivo del SOS,
y esperar en este puerto a mujeres con barba, como nuestra ahijada Conchita,
que vendrá de la mano de la bella Ruth a Las Torres de Cotillas. Aire fresco
que oxigena, en verdad, nuestro lineal horizonte. Tal es nuestra inmersión que
hasta Eurovisión se nos presenta como rompeolas de Murcia, tanto o más que las
tribus piratas del Festival SOS, que aún hoy tiene que navegar por un mar de
críticas porque no está en la onda de la cultura de Murcia. Qué felicidad
cambiar de rumbo, sin brújulas que te marquen el Norte, sin salvavidas posibles
ni barbas asociadas a recortes en nuestro bienestar y derechos, con continuas
referencias a un Gargamel que es su reflejo. A mí si me dan a elegir, prefiero,
como Sabina, al pirata cojo y con pata de palo, pero sin parches en los ojos,
pues no son pocos los molinos que hay que derribar en esta ínsula, reserva
espiritual de occidente repleta de capitanes con aire de reyes, ocupado tan
sólo unos días por los sones vikingos del SOS y la aparición de una mujer barbuda
que nos despierta de la calma chicha de nuestros males mayores y menores,
animándonos a buscar la diversidad, el tesoro de la vida.
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