Atlas
África a un
lado, hacia donde nos encaminan, a golpe de machete, las colonias más
poderosas. Los vientos sociales africanos que nos imponen nos empapan hasta los
huesos, dibujando un horizonte negro de subsistencia y canibalismo sin
posibilidad de chamanes porque en el sur nos hurtan hasta la lluvia. Asia al
otro, desde donde también hacen soplar una peste laboral esclavista que
convierte a los hombres y mujeres en tuercas, máxime en regiones donde rezuma
la economía sumergida. Y de frente Europa, donde los mercaderes amenazan con
desmontar el Estado de bienestar. Cuna de la filosofía, las revoluciones y de
los derechos, Europa mira triste el auge del pensamiento único, el imperio de
lo económico y la extensión de la intolerancia. Ahora que los españoles
estábamos llegando a disfrutar de ese espíritu libre, tras siglos de historia
de caminar a contracorriente como reserva espiritual de Occidente, resulta que
comienza su desmoronamiento pues no hay proyecto si no existe solidaridad. Con
Europa sobre nuestros hombros, cual Atlas, nos hemos convertido en Sísifo, que
intenta, una y otra vez, llevar la pesada carga a la cima sin éxito porque la
sima, entre los ciudadanos y los propios
estados, es cada vez mayor. Convertida en una corte, donde priman los recortes,
Bruselas se rodea de cohortes de tecnócratas con el único norte del dinero. Menos
mal que nos queda el presidente Mujica y su Uruguay…porque yo a Uruguay guay sí
que voy, voy…pues aquí temo naufragar.
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