domingo, 25 de mayo de 2014



Atlas
África a un lado, hacia donde nos encaminan, a golpe de machete, las colonias más poderosas. Los vientos sociales africanos que nos imponen nos empapan hasta los huesos, dibujando un horizonte negro de subsistencia y canibalismo sin posibilidad de chamanes porque en el sur nos hurtan hasta la lluvia. Asia al otro, desde donde también hacen soplar una peste laboral esclavista que convierte a los hombres y mujeres en tuercas, máxime en regiones donde rezuma la economía sumergida. Y de frente Europa, donde los mercaderes amenazan con desmontar el Estado de bienestar. Cuna de la filosofía, las revoluciones y de los derechos, Europa mira triste el auge del pensamiento único, el imperio de lo económico y la extensión de la intolerancia. Ahora que los españoles estábamos llegando a disfrutar de ese espíritu libre, tras siglos de historia de caminar a contracorriente como reserva espiritual de Occidente, resulta que comienza su desmoronamiento pues no hay proyecto si no existe solidaridad. Con Europa sobre nuestros hombros, cual Atlas, nos hemos convertido en Sísifo, que intenta, una y otra vez, llevar la pesada carga a la cima sin éxito porque la sima, entre  los ciudadanos y los propios estados, es cada vez mayor. Convertida en una corte, donde priman los recortes, Bruselas se rodea de cohortes de tecnócratas con el único norte del dinero. Menos mal que nos queda el presidente Mujica y su Uruguay…porque yo a Uruguay guay sí que voy, voy…pues aquí temo naufragar.

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